Si no salvo mi circustancia, no me salvo yo

Después de reflexionarlo durante un tiempo decidí trabajar en verano como Aupair con una familia en Francia. Ser aupair consiste en ser acogida por una familia donde vives con ellos 24/7 y tienes que hacerte cargo de los niños unas cuantas horas al día mientras ellos trabajan. En ocasiones estas familias suelen ser de alto nivel económico, lo que te permite vivir experiencias realmente impresionantes si tienes suerte. 

La familia que escogí este año a primera vista estaba bien. Era en un pueblo de playa bastante pintoresco y turístico, y yo no tenía nada más que estar en la casa por la tarde vigilando a dos niños de 8 y 14 años. El problema fue que no teníamos casi derecho a salir de la casa porque la madre tenía miedo de que pasara algo. Era una casa enorme con jardín, piscina y jacuzzi, pero se sentía como una cárcel por el simple hecho de que no era libre de decidir qué hacer. Y si a eso le añadimos que no congeniamos muy bien porque los niños no salían de las pantallas y su educación se estaba perdiendo por el camino mientras yo no podía hacer nada para remediarlo, me acabé encontrando sin quererlo en mi propio infierno personal. 

Sé que otras personas en mi situación se habrían quedado con esta familia. ¿Qué hay de malo en estar un mes encerrada en una casa paraíso con unos niños que solo quieren jugar a los videojuegos en sus habitaciones? Me van a pagar por por tomar el sol al fin y al cabo.

Pero después de pasar un mes allí decidí irme porque no me sentía yo misma. Era realmente aburrido tomar el sol dejando que los días pasaran sin que nada interesante ocurririera en mi vida. Necesitaba moverme y conocer más lugares; así que hablé con otra familia del sur de Francia y tres días después estaba en Saint Lizier, en medio de una montaña con vista a los Pirineos. 

Jamás he visto antes un paisaje tan bonito y la familia no ha parado de enseñarme cosas desde que llegué hace una semana. 

¿Al final el cambio no ha salido mal, no?

Pero cuando les comuniqué a mis padres que iba a irme de una punta de Francia a otra, su respuesta fue: "No sabes lo que quieres. No puedes cambiar así porque sí de opinión". 

Personalmente no entendí el comentario. ¿Acaso no hay mejor forma de saber lo que quiero que sabiendo lo que no quiero? Me refiero, yo no quería seguir en la primera familia y por eso decidí cambiar. Supe que quería cambiar. ¿No es saber lo que quiero dejar la estabilidad que me daba esa familia y saltar a la aventura con la esperanza de obtener algo mejor?

No sé si es porque hay personalidades que cuando dicen que va a trabajar para ganar dinero lo hacen sin importar las circunstancias o condiciones y aguantan el tiempo que haga falta. La verdad es que yo admiro a la gente que es capaz de hacer eso; pero yo no puedo. Y obviamente me va a traer muchos problemas en el futuro, lo sé . No voy a ceder cuando tenga que hacer algo en lo que no creo o con lo que no me siento cómoda. Y cuando trabajas para alguien es una forma de decir "Hola, despideme, gracias". 

De verdad que lo he intentado alguna vez, pero al final solo he retrasado lo inevitable: mi huida. Y lo que al principio fue una decisión reflexionada y seria, puede cambiar a lo largo de horas o meses simplemente porque las circustancias o las prioridades han hecho que surja una nueva decisión. 

¿Debemos sentirnos mal por cambiar de opinión? ¿Esta deja de ser válida? Sinceramente yo creo que no. 

Cambiar de opinión no deja de ser evolucionar. Sea a mejor o a peor, es el camino que estamos eligiendo. 

Rectificar cuando vemos que nos hemos equivocado no deja de ser una cosa de sabios. No significa ser inestable; sino conocerse lo suficiente como para saber cuando algo en nuestra vida merece cambiar. 

Pongamos un ejemplo de hipótesis que he oído más de una vez: ¿Qué pasa si hago esto y pierdo esto otro? 

    "¿Qué pasa si dejo a mi pareja con la que  llevo 4 años pero ya no hay amor y al final me   quedo sola?" 

Mala reflexión; reformulemos: Aunque he pasado 4 años con una persona, ya no siento lo mismo. ¿He aprendido de esta experiencia? Sí. ¿Me da miedo no volver a encontrar a alguien que me quiera? Sí. ¿Estoy dispuesta a dar ese salto para beneficiarme a mí misma? Eso te toca a ti de responder. 

El miedo de acabar con la estabilidad es el motivo que más nos frena la mayor parte de las veces a vivir nuevas experiencias. Aún así, le pese a quien le pese, tenemos derecho a cambiar de opinión cuándo y dónde queramos simplemente porque no estamos en una dictadura y tenemos permiso, si nunca os lo han dicho os lo digo yo, a la libre elección. 

Se trata de tener la mente abierta a lo que venga sin miedo y sabiendo que si la situación de ahora no nos gusta, es hora de movilizarse. Normalmente estos cambios de opinión van a aparecer cuando hayamos aprendido de nuestras experiencias.

En 1914 Ortega y Gasset escribió : "yo soy yo y mi circunstancia; y si no la salvo a ella, no me salvo yo". Creo que resume muy bien la importancia de cambiar de opinión para salvarse ya no a uno mismo, sino de uno mismo. 

Aquí os dejo la pregunta final para reflexionar: ¿sois personas que tienen miedo de atreverse; o personas que tienen miedo de quedarse con las ganas? 

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