Soledad o libertad


Desde que nacemos no paramos de escuchar que el ser humano es un ser social. Tenemos una necesidad constante de estar acompañados y relacionarnos con otras personas. Y lo mejor de todo es que disfrutamos de estas interacciones sociales cuando la compañía es la adecuada. Pero, al mismo tiempo, eso no quita que de vez en cuando todos necesitemos nuestro espacio individual. Más allá de lo que podamos pensar, es muy común cruzarnos con personas que anhelan esa libertad de quedarse solo en casa unos días, vivir solo o hacer cosas en solitario. 

¿Por qué la sociedad ve esto como un problema?

Salir de vez en cuando a desayunar o pasear solos es un privilegio de dedicar tiempo a uno mismo; pero, ¿por qué nos da vergüenza hacerlo? ¿Por qué pensamos que todo el mundo se va a fijar en nosotros si vamos solos?

Estando de vacaciones en la Coruña tomé esta foto que vemos arriba infraganti a un pescador. Su figura es casi imperceptible al ojo a no ser que dediquemos tiempo a observar fielmente la imagen. Es realmente peligroso acceder a las rocas si la marea crece y las olas las tocan porque no tendrá forma de descender y salir de ahí. ¿Qué es lo que moverá a nuestro pescador para jugarse la vida de esa forma? ¿Será que para él el simple hecho de estar ahí ya es reconfortante? 

No estoy segura de qué es lo que mueve a nuestro pescador a enfrentarse en solitario al mar, pero sí que sé que no podemos controlar lo que piensen los demás sobre nosotros o sobre nuestras acciones. Tenemos que tomar el control de nuestra vida. 

Contrariamente a lo que muchos piensan, estar solo no es convertirse en un ser insociable. No es dejar de lado a todo el mundo y encerrarse en una habitación. Se trata de saber estar con uno mismo y poder elegir cuándo queremos o nos beneficia estar solos. 

Tendemos a enlazar el hecho de que estar solo es sentirse solo, pero nada más lejos de la realidad. De hecho, uno puede sentirse solo estando rodeado de gente. Yo misma he tenido este sentimiento alguna vez. Por eso es necesario replantearse y cambiar el sentido de lo que uno quiere y cómo lo quiere. Es a partir de aquí cuando la compañía pasa de ser una necesidad a ser alguien con quien compartir tiempo y cosas que nos gustan, pero no depender de ellos para existir o vivir.

La gente suele temer estar sola porque nunca nadie nos ha enseñado a ello. Siempre ha sido un castigo irte solo a tu cuarto. Como si conocer nuestro propio interior fuera castigo suficiente ante cualquier error. El problema es  que sabiendo estar solo es la única forma en la que vamos a llegar a nuestro interior y a saber quiénes somos. Y ese es el único lugar en el que vamos a encontrar lo que necesitamos. Con esto me refiero a tener vision de dónde vamos, un objetivo. Si no hacemos esta introspección, nos quedaremos dando vueltas por el camino. 

Cuando nuestro rumbo está perdido y nos da miedo pararnos a ver qué es lo que queremos o necesitamos individualmente, es cuando vamos a llegar realmente a sentirnos solos; a no encontrar apoyo en ninguna persona porque nadie nos va a dar la respuesta que queremos básicamente porque no sabremos qué es lo que buscamos. El hecho de relacionarse entonces puede tomar dos vertientes: querer encerrarse en la habitación y no afrontar el mundo real, o vivir otra vida imaginaria, con nuestro cuerpo, pero como si fuéramos otra persona. Esconderse tras la faceta de alguien que no somos, comportándonos como creemos que vamos a gustar a mas gente y dejando de lado nuestra verdadera identidad. 

Realmente no es nada fácil estar solo. De hecho, os adelanto que vais a llorar unas cuantas veces. Pero es importante para aprender a manejar nuestros sentimientos y no tratar de buscar la felicidad constantemente. Y cuando tenemos objetivos como los que hablábamos antes en la vida, es necesario estar solo. Porque en muy pocas ocasiones vas a encontrarte con personas que te apoyan y te acompañan en tus esfuerzos diarios. Es más, el hecho de conocerte a ti mismo reforzará tu opinión y tu personalidad, por lo que se debe aprender a ser odiado, a no ser querido y a no dejarse llevar defendiendo siempre tu propia opinión. Aunque esto no quiere decir que no podamos estar abiertos al cambio. 

Hace cuatro años yo di mi primer gran paso en soledad. Me matriculé en la Universidad de Salamanca y dejé atrás a familiares y amigos a los que sabía que echaría de menos. Pero para mí era un sueño irme fuera a estudiar y por fin se estaba haciendo realidad. Así que me marché sin mirar atrás por nadie. Eso me llevó a finalizar algunas relaciones, reforzar otras y, lo más importante, a comenzar otras nuevas. 

Ir a la compra sola se convirtió en uno de los mayores actos de libertad que tenía. Poder elegir lo que comer, cuándo y dónde, parece una tontería pero es un placer. Tres años más tarde, para disgusto de mis padres, aún no me parecía haberme ido lo suficientemente lejos y decidí hacer un Erasmus en Bruselas. Fue en esta ciudad donde por primera vez empecé a hacer cosas sola por placer. La Boulangerie de la Cambre era la cafetería donde todas las semanas iba a tomarme un café y un trozo de tarta de queso con un libro bajo el brazo y pasaban dos horas hasta que salía de allí. Pasear y perderme por los parques y calles de Bruselas era estrictamente necesario para conocer la ciudad; así como coger el tranvía 30 minutos fuera donde fuera, y en el que no me quedaba más remedio que mirar por la ventana escuchando música y dejar a mi mente libremente reflexionar observando los paisajes y personas de mi alrededor. 

Y, así, rincón por rincón , descubrí que uno de mis hobbies favoritos es perderme por librerías de anticuario observando libro por libro, estantería por estantería y salir de allí 2h o 3h después cargada con algún que otro ejemplar. Un hobbie al que no puedo obligar a mis amigos a acompañarme ya que no les interesa y por ello yo no voy a dejar de hacerlo.

Cuando aprendes a vivir contigo mismo, aprendes también que aún te quedan muchas cosas que descubrir y que tú eres el único que puede hacerlas posible. Con esto quiero decir que hay que dejar atrás el miedo de hacer cosas en solitario, porque desde ir a ver una película, tomarte un café, o viajar a un nuevo lugar, parecen cosas simples pero cambian para siempre nuestro modo de ver la vida. 

En el mundo hay millones de personas que no cumplen sus sueños por el miedo de quedarse o estar solos, pero creo que todo el mundo debería experimentar alguna vez el hecho de hacer cosas en solitario por placer en un lugar repleto de gente. 

¿Podría llegar a decirse entonces que la soledad es un sinónimo de libertad?

Como dijo Nietzsche una vez, "el individuo ha luchado siempre por no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo a estarás solo y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo".

Comentarios

Entradas populares